“Cecilia Valdés o la Loma del Ángel”, de Cirilo Villaverde, es la obra pionera en la construcción de la identidad cubana. Pero muchos aún se preguntan: ¿existió realmente Cecilia Valdés?
Por Angel Cristobal / South Press Online
El próximo 28 de octubre se conmemorará el 213 aniversario del nacimiento del renombrado periodista, traductor y escritor cubano Cirilo Villaverde, una figura icónica de la narrativa cubana que encarnó el intelecto de su tiempo y se posicionó como uno de los autores más leídos de la historia, gracias a su famosa novela “Cecilia Valdés o la Loma del Ángel”.
La obra, pionera en la construcción de la identidad cubana y un verdadero reflejo de las tradiciones y costumbres del siglo XIX en La Habana, revela una sociedad colonial caracterizada por la diferencia de clases, la esclavitud y la discriminación racial, además de retratar el rol marginal de las mujeres, especialmente de las criollas.
Por esa razón, queremos destacar el brillante artículo del destacado periodista Reinaldo Peñalver Moral, titulado “Leonardo Gamboa (el verdadero) no murió asesinado”, publicado en la revista Bohemia el 28 de febrero de 1975.
El texto es parte de una serie que surgió tras el descubrimiento, en el Cementerio de Colón (La Habana, Cuba), de una tumba con la inscripción “Cecilia Valdés 1893”.
El hallazgo llevó al autor del artículo a realizar una investigación meticulosa sobre la vida de los personajes de la célebre novela, donde Peñalver Moral desvela la historia y los propietarios de la tumba, además de ofrecer elementos fascinantes sobre la verdadera identidad de los personajes principales, Cecilia Valdés y Leonardo Gamboa, así como información sobre sus familias y descendencia.
En el curso de la obra, Villaverde repite en más de una ocasión frase como:
“…esta verídica historia…”; “la verídica historia cuya fisonomía trazamos…”

Pero esto no es todo, lo más afirmativo radica en que toma como modelo a una mulata que llevó amores con su amigo y condiscípulo Cándido Rubio, quien aún vivía en La Habana en 1879, cuando Villaverde termina su novela.
Y de esto, hay mucho que decir, ya que sin duda, el hecho de estar vivo en dicha fecha, aunque ya no en 1882, cuando llegan a La Habana los primeros ejemplares de “Cecilia Valdés” editada en Nueva York; es lo que obliga a Villaverde a dar un final violento a su obra; valiéndose quizás para ello, en parte; de un hecho real ocurrido en 1835, fuera de la época que relata (1812-1831) y lejos del verdadero escenario del sangriento suceso.
Si bien Cirilo Villaverde como vemos, insiste en la veracidad de los hechos que él narra tan magistralmente, los mismos están deliberadamente alterados, cosa que, por demás, no resta autenticidad a sus principales personajes y a los secundarios.
Entre estos últimos podemos identificar muy bien al médico Tomás Montes de Oca, su esposa Agueda Valdés; el negrero Joaquín Gómez, el traficante Pedro Blanco, cuyas actividades fueron narradas en la novela “El Negrero”, de Novás Calvo; el famoso violinista negro Brindis de Salas, el casi legendario Tondá, favorecido por el capitán general Francisco Dionisio Vives, y así sucesivamente otros personajes que forman parte entre los años 1812 y 1831 del contexto social donde se destaca Cecilia Valdés.
Tal como señala un estudioso de la obra de Villaverde:
“Todo esto confirma la creencia de que Cecilia Valdés existió y que fue conocida de Villaverde, quien siguió de cerca sus pasos para retratarla en la novela, como lo hizo después con tanto éxito”..

Desenlace apresurado
En cuanto al final de la novela, que se nota a las claras que fue apresurado, inferimos que el sangriento epílogo puede estar basado en un hecho cierto: la muerte del Conde de Peñalver, ocurrida en 1835, cuando fue acuchillado por un desconocido en las escaleras de la iglesia de La Catedral.
Leonardo Gamboa, el verdadero, o sea Cándido Rublo, —según comprobó Peñalver a través del acta de defunción— falleció en la casa marcada con el número 104 de la calle Campanario, en La Habana, a consecuencias de una enteritis crónica cuando contaba la avanzada edad de 70 años.
Por us parte, Cirilo Villaverde Pasó el resto de su vida en Estados Unidos, trabajando para diversas publicaciones, escribiendo novelas, traduciendo y abogando por la independencia cubana. En 1888 y 1894, justo antes de morir, realizó breves visitas a Cuba. Sus restos fueron devueltos allí y depositados en una tumba sin nombre.
En 2008, la escritora cubana Daína Chaviano rindió homenaje a Villaverde en su novela “La isla del amor eterno” (Riverhead Press), donde aparece el escritor como uno de los personajes. Chaviano también ofrece una versión muy diferente de Cecilia Valdés, reescribiendo la historia original en una de las subtramas.
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